Todos somos mochileros

 

Imagen de la escultura "Love".

        Todos somos mochileros.

 

  La Tierra no nos pertenece.

  Los seres humanos pertenecemos a la Tierra.

 

  Las clases sociales sólo existen en las mentes condicionadas y en los corazones que han olvidado la Bondad y la Dignidad innatas de todos los seres humanos: TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS.

 

  Desde un punto de vista antropológico, a mí me parecen mucho más humanos y más civilizados los pueblos que viven en comunidad, en fraternidad, ayudándose a sobrevivir y a vivir unos a otros, que nuestra sociedad occidental del siglo XXI.

 

  A los niños que nacen en nuestra sociedad los que se sienten “adultos” tratan de convencerles de que es normal y natural la organización social en la que vivimos.

    Cuando uno se detiene a observar cómo vivimos salta a la vista que esta sociedad no tiene mucho de “normal”, ni de “natural”.

 

  Escribo esto en octubre de 2020.

  Estamos en el siglo XXI.

 

  La Naturaleza es generosa.

  Hay agua y alimentos para todos.

  Y por el egoísmo de unos pocos, que han montado todo el “tinglado” capitalista, los agricultores, los ganaderos y los pescadores malvenden el fruto de su trabajo. Y los consumidores nos vemos obligados a pagar por algo tan básico como los alimentos, unos precios desorbitados.

 

  La gran banca, con la complicidad de nuestros gobiernos y políticos, nos impuso el euro y el Banco Central Europeo.

 

  Con la llegada del euro en España, un café en un bar pasó de costar 100 pesetas a valer un euro, es decir, 166’39 pesetas. ¡En un solo día!

 

  El precio de las verduras y frutas se incrementó en poco tiempo en más de un 60%. ¿Por qué no subieron las pensiones y los salarios en proporción?

 

  ¿Qué tiene de “normal” que si una persona monta un negocio y no le va bien termine arruinada y endeudada, pero si es un banco el que quiebra en España, debamos aportar dinero público para reflotarlo?

 

  La Tierra no nos pertenece.

  Para los capitalistas convencidos, la tierra,  el agua, los bosques, las praderas, los valles fértiles, los peces de ríos y mares, las aves del Cielo… sólo son mercancía.

 

  El capitalismo salvaje que estamos viviendo no es un sistema económico. Es una prisión mental que nos imponen con la programación educativa, con la programación de las cadenas de televisión, de radio, de prensa… Con los medios de desinformación.

 

  ¿Nunca te has preguntado por qué en nuestra infancia (yo nací en 1965) a los dos canales de la televisión pública se les llamaba la 1ª y la 2ª cadena?

  ¿A qué nos encadenaban?  Pues a un constante lavado de cerebro.

 

  El lavado de cerebro del capitalismo tiene por objetivo convertir a los seres humanos, que por naturaleza SOMOS bondadosos, fraternales y compasivos, en seres temerosos, desconfiados y consumidores de los productos y servicios de las grandes empresas. Y también en sumisos y obedientes trabajadores  de esas grandes empresas y corporaciones.

 

 

  A alguien que trabaje para el sistema bancario, para las grandes multinacionales petroleras y farmacéuticas, para la industria armamentística, para la televisión, para el sistema educativo… le irá bien en lo económico. Le irá bien en esta sociedad-prisión.

 

  A quien trabaje al servicio de los tentáculos de ese “parásito mental” que hasta ahora gobernaba el mundo, le irá bien económicamente. Ganará mucho dinero. Siempre y cuando esa persona sea sumisa, obediente y no se haga demasiadas preguntas sobre los daños colaterales a la Naturaleza y a la población humana de esa “industria” para la que trabaja.

 

 

 

  La Tierra no nos pertenece.

  Las personas que viven obsesionadas con ganar más dinero, con poseer más tierras, más bienes materiales, con ganar más cota de mercado… son tan ridículas como unas pulgas discutiendo por ser la única “propietaria” de la oreja del elefante en la que viven.

 

 Para la Naturaleza no hay clases sociales.


  Ante un gran cataclismo natural no hay clases sociales que valgan.

  En medio de un tsunami o de un terremoto, ¿de qué vale ser gerente general de una gran empresa, o profesor universitario, o ser el presentador más popular y mejor pagado de la televisión de tu país?

 

  Salvo excepciones, las personas con muchos bienes materiales viven aferradas a esos bienes. Y muchos viven en el miedo y en la desconfianza constantes a que les roben.

   También  hay un orgullo de ser  propietario”. Otra trampa mental que encadena con cadenas invisibles.

 

  En las personas con una “buena posición social” también suele haber un abierto desprecio por los que no tienen nada y viven en la pobreza, por esas personas que “no han triunfado” en esta sociedad competitiva. Por los que no viajan en primera clase, ni siquiera en clase turista, por los “mochileros” que viajan modestamente, si es que viajan alguna vez…

 

  ¿Por qué todos  los niños pequeños* se abrazan y juegan juntos contentos? ¿Y por qué esos niños pequeños se odian a muerte cuando son adultos y ya han sido “adoctrinados” por su religión y “programados” por el sistema educativo y el programa social?

  

 

  Love (Amor) es la palabra con la que el escultor ucraniano Alexander Milov dio a conocer a esta obra suya en el año 2015.

  La presentación de Love tuvo lugar en el Burning Man Festival, un evento artístico que reúne a miles de personas de todo el mundo cada dos años en el desierto de Black Rock en Nevada (Estados Unidos).

  Love nos muestra el escenario de un conflicto entre dos seres humanos, reflejado por las jaulas de alambre que los aprisionan. Lo conmovedor llega desde el interior de esas personas en conflicto: el niño interior de cada uno está queriendo abrazar al otro.

 

  Una reflexión artística genial sobre la inocencia y la Luz que todos llevamos dentro. Y que olvidamos demasiadas veces.

 

 

  Esta genial escultura se ilumina de noche: los niños que quieren tocarse y abrazarse brillan en la oscuridad, envueltos en las rígidas estructuras de cada uno de los adultos.

 

La Magia del camino de Santiago.

 

  Me han explicado que en el camino de Santiago ocurren cosas mágicas.

               En el camino de Santiago las personas se ayudan y se auxilian unas a otras.

                                   Si alguien se hiere o se lesiona, acuden otros peregrinos y le ofrecen gasas, vendas o lo que tengan para ayudar a esa persona herida.

 

  La Magia del Camino de Santiago es que todos en él son nómadas. Y por unos días, o unas semanas, los peregrinos se olvidan de su “status” social.

  La Naturaleza nos desnuda a todos la Mente y el Alma.

 

  En el camino de Santiago, seas rico o seas pobre, has de andar, o pedalear, o montar a caballo buena parte del día.

  El viento, la lluvia, la niebla, el calor o el frío acompañan a todos los peregrinos. Y no hace distinciones de clase social.

  El hacer camino con el propio esfuerzo físico y el contacto diario con la Madre Naturaleza humaniza a las personas. Y muchas se olvidan por algunas jornadas del “competir” y pasan al “COMPARTIR”:

 

  Con 5 euros una persona sola no cena bien.

  Juntándose 12 ó más personas, 5 euros por persona bastan para una buena cena para todos. Y eso surge espontáneamente en el camino de Santiago.

 

  En el camino de Santiago todos somos mochileros.

 

  En el camino de Santiago muchas personas, que viven habitualmente sobrecargadas de trabajo y de responsabilidades, descubren lo gratificante que puede ser convertirse en mochilero y DISFRUTAR de la Vida con cosas tan sencillas como caminar, beber agua, comer bien y charlar con uno mismo o con buena compañía.

 

  Frente a la Hermana Muerte tampoco sirve de gran cosa ser millonario en dólares o en euros.

 

  Todos somos peregrinos en el Camino de la Vida.

 

  Todos somos mochileros ante la Naturaleza.


  Y al final del Camino de nuestra Vida como seres humanos, todos tendremos que “soltar la mochila” para entrar en otra etapa de nuestro eterno vivir. Sin el cuerpo físico que nos dieron nuestros padres.

 

  Compartir.

                    Dar.

                           Caminar juntos.

  Agradecer.

                  Soltar.

                           Abrirse a lo nuevo.

                                    Abrirse a lo desconocido.

                                                                      ¡VIVIR!

 

  Me despido con el mantra final del Sutra del Corazón:

  “Gate,

             gate,

                      paragate,

                                      parasamgate.

                                                            Bodhi.

                                                                     Svaha!”

  Y que puede traducirse así:

  “Andar,

              andar,

                        pasar,

                                 atravesar.

                                                Iluminación.

                                                                    ¡Bravo!”


 

Wifredo Noguera Lax

Poeta y escritor


 *Me refiero a los niños de la primera infancia, de esa edad en la que apenas han empezado a andar.


Lanaja, Sábado 10 de octubre de 2020


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