A MI MADRE

 








    De cabello castaño y ondulado,

amplia sonrisa

y dentadura pareja y blanca.

De cuerpo menudo, delgada,

trabajadora y honrada;


generosa, desprendida

y entregada

De convicciones firmes

e inquebrantable FÉ

en Dios, en María y Jesucristo.


Sin ningún miedo a morir

Defensora de la Vida

Enamorada de las plantas,

que llenan las terrazas de su casa,

y de su Murcia natal,

que siempre va con ella...


Trabajó toda su Vida,

fuera y dentro de casa,

y ahora aún vive entregando

su apoyo a hijos y a nietos


Nada debe y lo que tiene

con su sudor lo ganó


Sólo Dios puede medir

la grandeza de tu Alma,

y tus hijos bendecir

toda tu Vida, mamá.


Wifredo Noguera Lax

Poeta y escritor


Leí hace tiempo en algún sitio que el 90% de nuestro genoma lo aportan las madres.


A la mujer, el machismo y la cultura patriarcal la llama "el sexo débil". Cuando en realidad, pese a su menor fuerza muscular, la mujer es la portadora de una gran fuerza interior y de una valentía y determinación que suele superar a la mayoría de los hombres.


El compromiso de la mujer como guardiana de la Vida es tal que muchas de ellas no dudarían en dar su propia Vida por salvar la de sus hijos, o la de sus esposos (cuando se sienten realmente amadas).


Las mujeres son las guardianas de la Vida. Son ellas las que cuidan a los bebés, a los niños, a los enfermos, a los ancianos... Y también a sus esposos.


Es la mujer la que está más cerca, habitualmente, de los límites de la Vida: del nacimiento y la muerte. La mujer es la madre, es la que pare a sus hijos.  Mayoritariamente es la mujer la que asiste a las  parturientas: la comadrona. Y hasta hace tan sólo una ó dos generaciones eran ellas las enfermeras y las que acompañaban a los moribundos de la familia hasta el último suspiro.


Capaces de olvidarse de sí mismas y de una entrega heroica, suelen pasar desapercibidas en nuestra sociedad. Sin honor, sin fama, sin reconocimiento social..., cuando son ellas el sostén humano, la cocinera, la acompañante de las horas más difíciles y oscuras en la enfermedad o en la desgracia de los de su familia.


A mi madre la he visto trabajar fuera del hogar, a veces en jornadas de 11 ó más horas, para luego entrar en nuestro domicilio y seguir cocinando para todos. Y llevar la casa, hacer coladas en fines de semana o cuando podía.


Con 10 años empecé a ayudar a mi madre en casa en todo lo que podía, porque no entendía por qué siendo 5 miembros en mi familia, sólo mi madre cargaba con las tareas hogareñas.


No necesito que me digan que es "el día de la Madre" para rendir a mi madre desde aquí un sentido y merecido homenaje: este poema va por ti, mamá.


Y por todas las madres. Y por todas las mujeres que sin tener hijos también son cuidadoras de sus familias.


Hoy cierro esta entrada del blog con la canción que Manolo Escobar dedicó a su madre.


Hasta pronto


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